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Lunes, 06 Febrero 2012
Especiales
Mercedes Sosa en Israel

Tan frágil parece de pronto la Negra cuando se acerca con cuidado y de la mano de su ayudante personal a los micrófonos que la esperan en el escenario… toma asiento y agradece la ovación con fuerte acento sudaca con que la recibe el Heijal Hatarbut de Tel Aviv. Pero pocos segundos después su inconfundible voz se expande por la sala y ya no queda otra, comienza la magia.



Fotos: Andrés Lacko

Fotos: Andrés Lacko


Por Ariel Rubinsky

Tan frágil parece de pronto la Negra cuando se acerca con cuidado y de la mano de su ayudante personal a los micrófonos que la esperan en el escenario… toma asiento y agradece la ovación con fuerte acento sudaca con que la recibe el Heijal Hatarbut de Tel Aviv. Pero pocos segundos después su inconfundible voz se expande por la sala y ya no queda otra, comienza la magia.

Abrió el concierto sin prisa con dos temas de "Corazón libre", su último álbum, pero cuando entonó "Guitarra dímelo tú", un clásico de Atahualpa Yupanqui, tres mil pares de ojos se humedecieron al mismo tiempo al darse cuenta de pronto que estaban ahí, frente a ella, Mercedes Sosa, y que ni los años ni los problemas de salud pueden opacar el hechizo de su voz. Una voz  que se quiera o no, sea uno folklorista o rapero, tucumano o japonés, se introduce sin que uno se de cuenta por debajo de la piel. Si al escucharla uno piensa que, si la oyese, incluso Bush puede aún conectarse a sus sentimientos.

Luego, Sosa convirtió el Heijal en una fiesta de palmas con una chacarera en la que desató la potencia de su voz, conmovió una y otra vez con sus temas clásicos y varios relativamente nuevos. Fue generosa con los artistas invitados que desfilaron uno tras otro a lo largo de todo el concierto, entre ellos su sobrino Coqui Sosa, que demostró que el talento se queda en la familia; las israelíes Meital Travelsi y Liora; y los brasileños Marcia Castro y Luis Borges.

Hubo varios momentos en los que la audiencia prácticamente se vino abajo en aplausos, como cuando entonó junto a Marcia Castro y en portugués una impactante versión de "Insensatez" de Vinicius y Jobim o cuando junto a Liora hizo cantar a toda la sala "Cambia...todo cambia...". También cuando nuevamente hechizó a todos con "Gracias a la Vida", pero curiosamente el tema que tocó mas hondo y provocó una  posterior ovación que hizo temblar el techo, fue cuando Sosa cantó en hebreo "Livkot leja", de Aviv Geffen.

Sosa trabajó previamente duro y parejo para vérselas con el hebreo y aprobó con creces el examen fonético, pero su labor llegó mucho más allá. Se trata de una canción identificada completamente con ese trauma colectivo que fue el asesinato de  Itzjak Rabin y que fue víctima de múltiples versiones no siempre favorables o necesarias. Pero Sosa elevó la canción de Geffen a una nueva dimensión, fue como escucharla  por primera vez, ver nuevamente en la memoria -al menos en la de este cronista- la plaza de Tel Aviv que hoy se llama Rabin llena de banderas y gente con esperanzas.

Y esa es la fuerza de la Negra, que con un giro de su voz es capaz de conectar al oyente a lo más profundo de si mismo.

Y después vino "Sólo le pido a Dios" y luego se levantó e hizo bailar a todos con una versión recortada de “Maria María” y así, en la mitad de "Arre...arre..arre..." y con todo el público en palmas, se despidió y se fue. El público la ovacionó varios minutos pero no consiguió devolverla al escenario. Se terminó.

¡Grande Negra!


 

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