| Para mis hermanos chilenos |
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CUANDO REGRESE Querida madre, más bella y majestuosa que nunca. Disfrutaré la neblina Y descubriré que ya no duermen en pesadillas reales A su amparo, tus niños. Veré la tarde temprana y gris Reconoceré sus jardines universitarios a mi paso lento Serenamente dormiré a orillas de tu Playa Sin temores ni miedos al resguardo de las cuatro esquinas Rodeada de tus estrellas tutelares, La serena. Viajaré en una nave astral hasta tu valle Lunar, Paisaje inhóspito y melancólico pero imperturbable en el tiempo. Me bañaré al amanecer en tus geíseres de Tatio, Envidia de países hermanos, fuente de juventud infinita. Despertaré en lo alto de tu cumbre Y veré desde la altura en tus andariveles A tus ardientes atardeceres bullentes de hermanos Jugando con tu blancura, babeando de alegría A corazones llenos. En vuelo fugaz, emulando al condor, bajaré Y visitaré a mi Entre follajes sin nombre, caminaré por sus avenidas Oiré a las musas de su música venidas desde las infinitas Ya no habrá nubes grises por sobre mi mirada, No habrá mendigos de esperanzas, No habrá niños aspirando muerte Ni autos exhalando cancer. Sus calles volverán a ti, a tus niños, a los volantines en septiembre, A los artistas espontáneos en las esquinas, A una policía amiga, sin armas y con Tomaré camino a mi norte Verde, fructífero, minero, Padre de Gabriela, sinfonía de letras en mis recuerdos. Niños danzando en ronda, calzados con sueños, No habrá piececitos descalzos azulados de frío. Me detendré en tu puerto, Coquimbo; Estará rebosante por el gran tesoro que Francis Drake te dejó Agradecido por tu cobijo en tu bahía. Tus pescadores de ilusiones estarán en alta mar Tranquilos, seguros de volver, Porque firmaste en papel sellado su destino. La luna y las estrellas iluminarán la arena y el mar De tus playas a mi paso nocturno por Tongo y hasta los Vilos, Amaneceré en Reñaca, café cortado despertará a mis ojos Embelesados de tu belleza marina. Cueca de caracolas cantando en tus ventanas abiertas; Iré a saludar a Pablo en su casa en Isla Negra; Saborearé un caldillo de congrio por su memoria. Visitaré a mis cerros amigos, renovados de vivos colores, Con sus venas restauradas, regalo de Y valorado por su gente y resguardado por sus mujeres, Correré por una de ellas en silencioso andar En descenso hasta su corazón, Puerto Principal. Nadaré hasta tus islas lejanas y misteriosas, Guardianas de secretos mitológicos, Y descubriré por mis ojos la fidelidad eterna A sus ancestros Me dejaré llevar en liviana ingravidez por tu corriente De Humboldt para sorber un caliente curanto en tu orilla Y no veré al nefasto plástico afeando tu dibujado rostro Puerto Montt. Y vendrá el Presidente Allende a mi memoria. Podré ver la riqueza de tu mar de kriles Alimentando los espíritus y los corazones de mis hermanos Rodeando a tus incontables islas sin nombre. Veré de lejos el regalo que le has dado a la humanidad entera, Ejemplo de ecología, Parque Nacional Torres del Paine. Terminaré mi ruta soñada en una gran fiesta de frac Donde unos gigantes marinos, mamíferos majestuosos, Serán mis anfitriones, Antártida. Y me quedaré en eterna vigilia, porque me permites habitar otra casa Sin perder mis derechos de hija mimada. Y cuando regrese, tus brazos me asirán leales y fieles a mi origen Y a mi historia. |









